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Boca Juniors (1995-1997)
Tuvieron que pasar 13 años para Maradona volviera a jugar por Boca Juniors. Jugó 30 partidos, ganó, perdió y empató. Anotó siete goles y perdió cinco penales consecutivos. Pero lo persiguieron con extraños controles antidoping casi en cada partido hasta que el dolor (no físico, sí del alma) lo obligó a gritar basta. Justo contra River, justo en el Monumental, justo cinco días antes de cumplir 37 años de vida. Aquel 25 de octubre quedará en la historia, como el último partido oficial del "Pelusa". Y con otro triunfo, por supuesto.
En 1995 fue el año de la vuelta al equipo de sus amores. Como pasó muchas veces en su vida, octubre fue el mes del regreso. Primero en la lejanísima Corea del Sur, tierra amante de Maradona como pocas. Después, en La Boca, su tierra. «Quiero que la gente diga otra vez: 'Vamos a la cancha, vamos a ver al Diego», deseó en una frase íntima. Y así fue. En La Bombonera otra vez, el 7 de octubre de 1995, pisó la cancha más querida. Boca le ganó 1 a 0 a Colón, pero ese fue un detalle.
Todos fueron detalles, en realidad. Cada uno de los 30 partidos que jugó, imponiendo algo que fue más allá de sus 7 goles, sus triunfos, sus empates, sus derrotas en aquellos dos años, dirigido consecutivamente por Silvio Marzolini, Carlos Bilardo y Héctor Veira: la sensación inevitable de todos y cada uno de sus compañeros y rivales de que estaban compartiendo el campo de juego con un monumento de carne y hueso. Y de talento.
Realmente lo persiguieron los controles antidoping: sorteado en infinidad de partidos. Ya agotado de esa presión, la gota colmó el vaso. Los medios periodísticos se hicieron eco de una versión, vaya a saber impulsada por quién, sobre la muerte de Don Diego, su padre. Fue la semana de su cumpleaños 37, pocos días después de derrotar a River en el Monumental. Diego se fue reemplazado en el entretiempo por Juan Román Riquelme, heredero de la 10. Y ese fue su último partido oficial.
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