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Vacaciones en el paraíso Por Andres Calamaro Publicado en Página/12, el 20 de abril de 1994.
Para mí existen dos argentinos míticos (y vivos). Uno es El Polaco y el otro es Maradona Diego. Y ayer, en una operación comando, casi parecida y absolutamente idéntica a un sueño ácido, o a un deseo, lo concocí. Alucinante. Habrá, por lo menos, 50 motivos para quererlo, y no se me ocurre ningún motivo para no hacerlo (ni tampoco a Arizona, que está ahora conmigo).
Es amigo de Fidel. Es un ángel, y sin embargo se le ven las alas. Le gustan el rock, el tango y el folklore. Le gustó “Mi enfermedad”. Su humildad también es su grandeza. Sabe meter goles con la mano.
Es del palo, y eso es de putamadre. Tenemos una cena pendiente. También sufre. Tiene muy buena puntería. Creo que sabe quiénes son sus amigos, y sus enemigos. Un guerrero no detiene jamás su marcha. Le hicieron una cama espantosa (posiblemente Vigil y Menem). Hubiera sido amigo de Guille Arizona. Y de Gardel. Es un pájaro, es un avión, es Maradona. Y muchos motivos más. (Elvis Costello lo nombra en una canción.)
Ahora tengo algo que contarle al “de barba” cuando me toque. Voy a llegar armado con mi revólver de juguete (no me refiero a la pistola), soltando a los cuatro vientos que en la tierra conocí a Maradona. Fue una noche de abril, en Ezeiza, y había una guitarra dando vueltas. Y combinando la emoción y la frialdad, le canté una serenata al campeón. El día en que los planetas se alinearon como en una brochette cósmica.
Brindo contigo... ¡Salud!
El partido homenaje (2001)
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