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Las raíces Por Héctor Hugo Cardozo Publicado en Clarín, el 10 de noviembre de 2001.
El fútbol supera a los tiempos. A todos los tiempos. Y siempre la pelota estará rodando en cualquier memoria, cuando se trata de reconocer a sus finos cultores. Son aquellos, precisamente aquellos, que supieron unir destreza con habilidad, gambetas con efectividad, talento con imaginación y que simplemente hicieron del juego, un arte. Pero eso aquellos también tuvieron y tienen nombres, apellidos y quizás hasta un número para su mejor y más nítida "identificación", que es el 10, aunque hubo otros que con otros números igualmente fueron gigantes con la redonda acompañándolos. Pero el 10, en la espalda de una camiseta, con los colores que se quiera tuvo, tiene y tendrá un encanto especial, que duda cabe.
La galería nunca será lo suficientemente espaciosa para albergar a todos los genuinos postulantes. Desde el fondo de la historia los recuerdos se atropellan, porque a uno le contaron de Benítez Cáceres, del Tato Mur, de Sastre y de tantos y tantos, que hasta se apropió de esos recuerdos. Y hubo a quienes sin verlos en esas tarde de canchas llenas y pelotas marrón oscura, llenaron los ojos desde las páginas de los diarios y revistas, como Angelito Labruna o Rinaldo Martino. Labruna el goleador certero, el diez de punta, un engranaje de la Máquina millonaria. Y Mamucho Martino, el exquisito, el artesano de tantas y tantas jugadas imposibles. Inolvidables ambos.
Y después sí, testigos. Asombrados testigos de ese inventor de filigranas con la pelota que fue Enrique Omar Sívori, porque Sívori pareció que jamás se desató la pelota de sus botines. Un mago que nos cautivó en la época de los asombros. De casi idéntico tiempo es José Francisco Sanfilippo. Un diez diferente, implacable goleador, excelso definidor, emblema del grito permanente frente a un arco. Dos 10 que dejaron una huella profunda.
Más acá el genio del Ronco Ermindo Onega, la delicadeza hecha juego. Atrevimiento puro, inteligencia y toque, todo junto. Y Babington, Zanabria y Valencia, después. Y la potencia arrolladora de Mario Kempes. La grandeza técnica inimitable de Norberto Osvaldo Alonso, el Beto Alonso, que despertó admiraciones mayúsculas o ese preclaramente "bautizado" como el geniecito de Avellaneda, Ricardo Enrique Bochini, de estatura mínima y talento inmenso. Todos 10. Todos seleccionados. Todo de acá, nuestros.
Porque hubo una raíz y una transmisión de identidad. Arrancaron los pioneros en el desarrollo de un modo de jugar y ese modo se fue desparramando, década tras década, partido tras partido, por cualquier rincón donde el fútbol tenga espacio. A los que citamos, como muchos más, sin dudas, lo emparienta el orígen. Y se transformaron en portadores de un estilo. El estilo criollo.
Y en el compendio, en la conjunción máxima, Diego Armando Maradona. El 10 de 10. El que resume más de un siglo de fútbol argentino. No es necesario abundar en calificativos para Maradona. Apenas rememorarlo, reteniendo cada una de sus proezas únicas. Maradona hizo posible lo imposible. Fue un sabio. ¡Qué más! Argentinos, la Selección, el Juvenil, Boca, Barcelona, Napoli, Sevilla, Newells, los mundiales, todos hitos de Maradona.
Tal vez no, tal vez sí, surja el gran heredero de la corona. Que se vuelva a romper el molde. Pero, que los Riquelme, Gallardo, Verón, Aimar, D''Alessandro, sostienen la estirpe, está en claro. Maradona es el estamento superior, pero todos los demás 10, son de la misma raza. De la raza de los jugadores. Hay una frase que dice "bailar es soñar con los pies", cantada por Joaquín Sabina. Y parafrasenado al creador español, Maradona con los pies, fue un soñador infinito, el máximo soñador, seguramente.
Por todo eso, la 10 de la Selección (leyes de FIFA, aparte) no merecía ser de un solo dueño, aunque ese dueño se llamase Maradona. Así, el alma de la camiseta 10 seguirá viva. Porque quienes sepan y puedan mantener un romance imperturbable con la pelota seguirán homenajeando a la tradición, al mismísimo juego, al fútbol. Que fue la razón de la existencia de Maradona y de todos los que siguen corriendo y disfrutando con una pelota ahora, en el rincón de los grandes recuerdos.
El partido homenaje (2001)
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