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Carta abierta de Enzo Francescoli Publicado en Clarín, el 10 de octubre de 2001.
Hay muchas cosas que quisiera decirte y no sé por dónde empezar. Gracias por el fútbol, es lo primero. Pero mucho más, gracias por la amistad. Vas a vivir un momento muy especial. Te vas a despedir de la Selección argentina, con lo que significó esa camiseta en tu vida. Disfrutalo al máximo. Que sea un día donde recibas todo el cariño que te va a dar la gente, que sabe reconocer los momentos de felicidad que vos le diste. Además de recibir el cariño de tu familia, de tus amigos, de todos aquellos que te queremos.
Es un orgullo tener un homenaje en vida. Muchas veces se da que a los grandes artistas, pintores o músicos se los homenajea después que pasaron por este mundo. Por eso es fantástico que esto no suceda con los deportistas. Me pasó a mí en el 99 y te va a pasar a vos hoy.
Te cuento que es difícil contener la emoción. A mí me ocurrió en el calentamiento, cuando me di cuenta que era el último momento que iba a vivir en un vestuario, y en el final, cuando entraron mis hijos Bruno y Marco. Me quebré. Estoy seguro que vos también te vas a emocionar. Pero tenés que disfrutar hasta eso, hasta la emoción.
De los momentos que viví con vos, lo más fuerte que me quedó fueron los encuentros muchas veces sorpresivos. Por ejemplo, cuando nos vimos en un bar, en el año 95. Como era mi cumpleaños, me regalaste una medalla que dice "Tu amigo Diego". Siempre fuiste demostrativo.
O también la primera vez que jugamos juntos. Fue un picado en la casa de unos amigos en Punta del Este. Es que siempre jugamos en contra, salvo en el partido de despedida del Pato Aguilera. ¡Qué pena! Habría sido fantástico jugar juntos... A pesar de haber sido rivales y de haberte sufrido como la mayoría de los mortales, tanto en un River-Boca como en un Uruguay-Argentina, disfruté viéndote jugar. Y eso es algo que no siempre se da.
También me marcó cómo siempre diste la cara en defensa de aquellos que tienen menos posibilidades. Eso es algo que nadie te pidió, que no tenías necesidad de hacerlo y que lo hiciste espontáneamente. Eso habla de la clase de persona que sos.
No es fácil. Pero disfrutá ser un ex jugador. Es irremediable el paso del tiempo y nadie lo puede cambiar. Yo aprendí gracias a mi familia, a mi entorno y al análisis. Pero vos tené en cuenta que dejaste una marca y para algo sirvió, más allá de los récords, los goles, las copas, los títulos. De algo sirvieron todos estos años en el fútbol.
Al Diego amigo, le deseo que encuentre en el ex jugador lo que encontró en el futbolista. Hay una vida como padre de familia, como amigo. Que va más allá del fútbol. Que existe. Y que también es linda.
El partido homenaje (2001)
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