La carrera

La Selección Nacional - Mundial Juvenil de Japón (1979)

Primera vuelta olímpica con la Selección

Maradona se sacaba la bronca por haberse quedado afuera del Mundial 78 y la rompía. Era el mejor Maradona. Y adelante Ramón Díaz provocaba una explosión tras otra. Esa era la fórmula máxima que distinguía a la selección Juvenil de 1979, la que se consagró en el Mundial de Japón.

Era un equipo que respetaba a rajatabla la esencia del fútbol argentino, un equipo conducido por César Menotti, pero que había sido diseñado por el maestro Ernesto Duchini.

Pero no sólo latía por Diego y por Ramón. Adelante, escapándose siempre por la derecha Osvaldo Escudero, el Pichi. Y por la otra punta, por la izquierda, Gabriel Calderón. El motor en la mitad de la cancha era Juan Alberto Barbas, aquel petisito de Racing, volante por la derecha. Y la prolijidad y el quite distinguían a Osvaldo Rinaldi.

Era un equipo que daba gusto, el mejor Juvenil de la historia del fútbol argentino. Era un equipo que como figura defensiva más importante tenía a Juan Simón, quien ofrecía seguridad, solvencia y salida limpia.

"Hay dos equipos: el Santos de Pelé y el otro el Juvenil del 79", suele decir Menotti. Es cierto, ese equipo sonaba como un violín. Aunque no menos cierto es que tenía en su capitán a un jugador bien diferente. "Antes de comenzar los partidos, Diego se ponía la pelota en la nuca, en los hombros y los japoneses no paraban de aplaudirlo. Para mis adentros decía: mamita y eso que todavía la función no comenzó", comenta Osvaldo Rinaldi, uno de los volantes. Y agrega "Los comienzos de partido eran muy graciosos porque Menotti le pedía a Diego que durante los primeros 15 tocara de primera. Entonces los rivales, que lo tenían como un gambeteador, no entendían nada. Después largaba todo su repertorio y les pintaba la cara a todos. Ojo que no era el único que sorprendía. García también hacía lo suyo".

Barbas, quien compartía con Diego la habitación, dice: "Sí, hacía jueguitos pero con la mano... Diego es un fuera de serie. Pero casi se ahoga el pobre. Claro, me tiró a la pileta y yo, que no sabía nadar, me desesperé y casi lo hundo a él y a los bañeros japoneses". Carabelli, un ex Cebollita como Diego, recuerda: "El sorprendía al resto, a mí no. ¿Sabés las cosas que le vi hacer en la Novena de Argentinos? Maradona es de otro planeta, lo demostró en Japón y en toda su carrera". El Pichi asiente con la cabeza y agrega: "Es grandioso jugar a su lado. El me ponía pelotas al borde de la línea como con un guante. Tenía una precisión que pocas veces vi".

Por aquella selección, la gente, muy temprano, en la madrugada, sonreía. No era poco por tratarse de una época de plomo y dolor.

La Selección Nacional (1977-1994) | El partido homenaje (2001)